Constanza, no estaba ni motivada, ni feliz.

by admin, November 12, 2019

Hace algún tiempo, conocí a una persona que constantemente estaba involucrada en problemas. Al parecer era una persona conflictiva y sus compañeros constantemente estaban quejándose de ella, por lo que su puesto pendía de un hilo. Esto no hizo más que agudizar mi curiosidad, pues a pesar de todo, aparentaba ser una persona trabajadora y dedicada; su nombre era Constanza, no estaba ni motivada, ni feliz a pesar de que era muy asertiva, enfocada, clara y sencilla.

 

Cuando empezamos a trabajar nos dimos cuenta de que parte del problema era que su posición actual no estaba acorde con sus talentos, motivaciones e intereses; por lo que trabajaba desde sus rasgos ineficaces y su actitud no era la mejor. Como estaba inmersa en una situación rutinaria, donde no se sentía cómoda, ni útil, sus interacciones con sus compañeros de trabajo tampoco eran las mejores, pues se mantenía a la defensiva y era más reactiva.

 

Como era una persona clara, directa y asertiva, pensamos que podía conectar muy bien con los clientes, y sugerí darle un cambio de aires al ubicarla en un puesto de servicio al cliente. Los resultados no se hicieron esperar y muy pronto todos quedaron sorprendidos, su manera directa y honesta de decir las cosas a la hora de tratar con los clientes, era muy bien percibida, porque no generaba expectativas distintas y se concentraba en transmitirles lo que necesitaban saber. De esta forma lo que era una debilidad a ojos de todos, y le hubiera podido costar el puesto, se transformó en una fortaleza.

 

 

En ocasiones lo que parece una debilidad, puede convertirse en una fortaleza si aprendemos a explotarla o a ubicarla, por eso más que calificar un comportamiento de bueno o malo, debemos aprender a observar donde se desempeña bien. En la experiencia que les comparto, el punto de partida fue la observación y exploración, que me permitió reconocer cómo se comportaba, cuáles eran sus fortalezas, cuán feliz se sentía en su rol y qué la motivaba realmente.

 

 

Jimena Fajardo

Fragmento ¿Qué penso el sapo cuando lo pise?

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