Ignacio era un hombre motivado por el poder y el logro

by admin, March 2, 2020

Por cosas del azar, entre mis clientes se encontraba uno de los hombres más ricos y poderosos de un país Latinoamericano, su nombre era Ignacio y como parte de mi labor, tuve que reunirme con él para darle feedback sobre los resultados que arrojaba una herramienta de evaluación acerca de su personalidad. Cuando comenzamos a revisar los resultados de su análisis, su cara se transformó al señalar algunos de los principales retos de comportamiento; los resultados eran claros, su prepotencia y estilo de liderazgo autocrático estaban impactando desfavorablemente a su equipo de trabajo y en consecuencia a la organización.

Sus empleados se dirigían a él con una mezcla de temor y reverencia, y no era para menos, este hombre conducía el destino de uno de los conglomerados más importantes de américa del sur, y desde su posición podía cambiar la vida de cualquiera cuyas acciones no estuvieran acorde con su visión. Tenía que empezar por ayudarle a ser más consciente de cómo era él, por lo que era vital empezar por temas como entender quiénes somos realmente los seres humanos; la comunicación y su impacto en nuestras relaciones; nuestras emociones y pensamientos, y su efecto en nuestras vidas.

El punto de partida en el proceso de transformación de Ignacio tendríamos que ver las dimensiones: la primera: la dimensión física, la segunda: la psicológica y la tercera: la dimensión espiritual. Éstas están conectadas entre sí, y cuando una está en desequilibrio, afecta a las demás y en consecuencia a la persona en general. No solo somos emociones y razón, no solo somos cuerpo; también somos seres espirituales que experimentamos el mundo a través de lo que sentimos, y esos sentimientos nos ayudan a moldear nuestros pensamientos, que a su vez nos llevan a expresarnos y conocer el mundo a través de nuestro cuerpo con todos sus sentidos.

Cuando trabajamos las 3 dimensiones con Ignacio, él fue el primero en sorprenderse al descubrir que estaba totalmente desconectado de su dimensión espiritual. De alguna manera el éxito, el dinero y el poder que ostentaba, lo habían llevado a olvidarse de lo trascendental e importante en su vida, inclusive de su familia. Por eso era importante ayudarle a integrar estos conceptos, para que construyera el tipo de líder y persona que realmente deseaba ser.

Él era un hombre motivado por el poder y el logro, por lo que desde ahí empezó a racionalizar los cambios que debía efectuar, comprendiendo que si quería más y mejores resultados debía empezar a conectarse con las personas desde otro nivel, ser más empático y escuchar para aprender a leer mejor a su gente y comunicarse de forma que las personas no solo lo entendieran, sino que se comprometieran con sus expectativas. Esto no podía lograrlo a la fuerza, ni a través del miedo que transmitía, sino entendiendo que solo con un cambio auténtico iba impactar positivamente los resultados que tanto le importaban. A partir de estas y muchas otras reflexiones que surgieron en nuestras sesiones de trabajo, logró verse de forma integral y definir su propósito trascendente, construyéndolo a partir de la comprensión de su propia historia, la conciencia de sus emociones, reacciones y su forma de comunicarse. A lo largo de este proceso, tanto para Ignacio como para mí, se hizo cada vez más evidente que todo aquello que pensamos o decimos tiene un poder, que va más allá de las palabras.

Muchas veces usamos máscaras para encubrir lo que sentimos, y terminamos escondiendo tan bien nuestros sentimientos, que terminamos convencidos de nuestra propia farsa. A Ignacio le pasó exactamente esto, se escondía tras una actitud agresiva y autocrática, que solo encubrían su profundo temor al fracaso, a perder, a ser rechazado; en el fondo no se sentía merecedor del verdadero amor por su historia personal y creyó erróneamente que el dinero que poseía le daba el poder de controlar y manipular a las personas, pero esta actitud le estaba costando el éxito de su organización y su relación con su propia familia. Al hacerse consciente de sus miedos más profundos, reconocerlos y entender sus raíces, se permitió ser vulnerable, en este punto empezó su proceso de transformación.

Desde esta comprensión del impacto del lenguaje, hicimos con Ignacio un análisis muy profundo y exhaustivo de cómo se hablaba a sí mismo y por ende como este diálogo interno derivaba en expresiones desafortunadas hacia sus colaboradores, que más que motivarlos a obtener resultados, los alejaba y desenganchaba. Su diálogo interno y mundo interpretativo estaba tan cargados de negatividad y juicios de valor que su uso de la palabra era devastador para sus colaboradores, pues no solo eran las palabras sino el contenido emocional nutrido por su espiral de pensamientos, en razón de ello nos fuimos al origen de estos, para introducirnos en el océano de sus miedos más profundo y/o su conexión o desconexión con la palabra amor.

Él había sido educado en un ambiente donde como hombre y proveedor, debía tener el poder, cuando los resultados no se dieron, automáticamente salió de su círculo de control, disparando su temor al fracaso y a perder. Estaba convencido de que para tener éxito era importante trabajar y hacer dinero a toda costa, para eso debía mostrar un carácter fuerte y dominante. No fue hasta que su conglomerado estaba viviendo momentos difíciles, que aceptó que los paradigmas habían cambiado y debía ser un líder diferente. Su proceso requirió que entendiera su historia personal y sus miedos, para enfrentarlos con una mirada amorosa.

Pero incluir dentro de su lenguaje la palabra amor no fue fácil, pues como muchos otros, la consideraba un sinónimo de debilidad y en su cerebro la debilidad y el éxito no cabían en la misma frase. Se requirió mucho trabajo para que hiciera consciencia de que el amor es una fuerza potente, que, sin importar las circunstancias, él merecía ser amado y respetado por quien era como persona y no por lo que el dinero y el poder le hacían representar. Aunque la palabra amor le generaba rechazo, empezamos a dialogar sobre ella desde su historia y significado para develar el legado de ésta en su vida, los paradigmas que la cobijaban y como tuvo la mala fortuna de ser reducida y archivada bajo la categoría incorrecta.

Para Ignacio fue muy revelador como la fuerza del miedo lo fue dominando a lo largo de su vida y aunque le costó reconocer que en el fondo lo que tenía era un profundo miedo, automáticamente se liberó de la carga de rabia que había alimentado a lo largo de sus años, al no poder expresar los miedos que lo hacían vulnerable. Así logró moverse desde un punto de vista más empático con las personas, pues el entenderse así mismo le permitió mirar a su equipo desde una perspectiva más humana, empezó a escuchar a su equipo y construir una estrategia conjunta de recuperación, esto hizo que su equipo mejorara significativamente y los resultados poco a poco empezaron a repuntar.

 

 

Jimena Fajardo Maldonado
Master Certified Coach ICF
Fragmentos del libro ¿Qué pensó el sapo cuando lo pisé?
Rompiendo paradigmas a través del amor y el abrazo de la plenitud.

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