Pero por otro lado ¿podemos ser felices de manera incontrolada? La respuesta puede ser que sí, pero es probable que allí estemos más en el campo del placer que de la felicidad. El placer nos produce satisfacciones inmediatas y no duraderas que se pueden experimentar como momentos o episodios de felicidad.  Ahora bien, la felicidad es más bien un estado que un momento, lo que despejaría el tema de si puede o no ser descontrolada, ya que un estado por sí mismo no supone desborde. Tengamos por ejemplo el estado de satisfacción este no es mucho ni poco, simplemente se está satisfecho o no. Para el caso de la felicidad sucede lo mismo, al comprender la felicidad como un estado al que llega la persona, esto permite que en ésta pueda existir la duda, puede haber también tristeza, puede haber lágrimas y el resultado es que no cambia tu estado de felicidad.  Los momentos de alegría y placer si aparecen y desparecen, y los dos los pueden sentir personas felices e infelices. La alegría de un viaje, una buena noticia, el placer de un café, la lectura de un buen libro la pueden experimentar personas que se sienten felices y aquellas que no. Hay personas que siendo infelices y sumidas el cualquier vicio, como el alcoholismo, pueden tener un momento de alegría cuando consumen un trago, pero su estado no cambia, de hecho, al pasar la euforia sienten la tristeza o mejor dicho no logran alcanzar la felicidad.

Es posible ser feliz con poco e infeliz con mucho, por eso es que la felicidad no está negada a nadie por su condición cualquiera que ella sea, pobre o rico, saludable o enfermo, acompañado o solo. ¿Qué hace entonces que unas personas sean felices y otras no? Lo primero es la conciencia de la potencialidad de cada uno y su propia valía, esto determina que nos aceptamos y amamos como somos, lo que no significa que podamos ser mejores, pero sí que vivimos en plenitud con nosotros mismos.

Otro factor importante es limpiar el alma de la envidia y el orgullo, para no sentirlos de nadie, es aceptar que no somos iguales y que cada uno tiene cosas que se le han dado sin que deba haber alguna justificación para ello, simplemente porque así es la vida.

Ahora el tema que hemos propuesto acá contempla dos palabras bien interesantes por lo distintas que ellas puedan parecer: “gerencia la felicidad”. Si la felicidad es un estado y la gerencia es la administración adecuada de recursos ¿es posible que podamos gerenciar la felicidad? Claro que sí, no solo es posible, sino que nos pone en mayor conciencia del estado de ser felices, lo que permite disfrutar más de lo que ese estado nos ofrece y que las dudas, temores y tristezas se puedan disipar más rápido.

La felicidad como cualquier estado es una decisión consciente de vivir de esa manera, se es feliz por decisión y por acción en coherencia de lo que la felicidad implica. Las acciones que tomemos en la vida nos llevan o no a ser felices, es muy poco probable que causando daño a otros o a nosotros mismos podamos ser felices, así que, si cuidamos de los demás y de nosotros esto nos hará felices, quien que no haya ayudado a otra persona, no ha experimentado esa satisfacción de felicidad al proporcionar ayuda a quien lo necesita incluso sin recibir nada a cambio. Estas son acciones que significan gerenciar la felicidad, encausar nuestras acciones con lo que nos permite mantener el estado de felicidad, si ya lo hemos alcanzado.

Frases como la verdad nos hará libres, determina las actuaciones que nos permiten ser felices y como debemos administrar (gerenciar) los recursos y decisiones para actuar en consecuencia.